lunes, 28 de abril de 2008

El intelectual veinteañero


El intelectual veinteañero se sienta en el lugar más visible de la plaza de armas, extrae de su chiporro un libro de Neruda y se aprende algunos versos de memoria para citárselos al weonaje, en pleno conocimiento de que ellos pensarán: "que culto es este tipo".

El intelectual veinteañero crea el grupo literario "Carpe Diem", en el cual se desviven, reunión tras reunión, por concluir si es mejor "Pregúntale a Alicia" o "Juventud en éxtasis", o si la película "El código Da Vinci" supera en majestuosidad y perfección al libro.

El intelectual veinteañero cuenta una y otra vez, con orgullo y admiración hacia lo bacán que es, lo volado que quedó hace algunas noches, "puro cogollo perro, puro cogollo", y aconseja ver "La naranja mecánica" mientras se esté estúpido a pitos... la razón a nadie le queda clara, pero sin titubear todos le hacen caso.

El intelectual veinteañero siente tanto odio por Wisin y Yandel como odio siente por Pinochet y el Mamo. Siente tanta admiración por Silvio como admiración siente por Allende, aunque de estos últimos sólo sepa que son grandes personajes de izquierda, y que por ello deben ser admirados (y está en pleno conocimiento de que, obviamente, si en alguna tocata, concierto o recital son nombrados, se debe aplaudir a rabiar).

El intelectual veinteañero cuenta con toda una colección de poleras con estampas del Che, chapitas con el rostro del Che y una decena de wallpapers con la imagen del Che, aunque no sepa que carajos hizo por el famoso Che por él, aunque ni siquiera se imagina que el pobre tipo no es cubano, aunque sólo lo admire porque está en pleno conocimiento de que el weonaje, al percatarse de lo pegado que está con la imagen del revolucionario, pensará: "que sabio es este tipo".

El intelectual veinteañero agarra a pollos "La metamorfosis", porque no le gusta la ciencia ficción. Delira con el realismo mágico de la Isabel Allende, ídola indiscutible del intelectual veinteañero, y sueña con ser como Matías Vicuña de "Mala Onda".

Para el intelectual veinteañero no hay nadie más inteligente que él mismo, aunque esté estudiando pedagogía en la peor de las privadas, "yo pude haber sido médico fácilmente", le dice a sus amigos, "pero lo mío es lo humanista".

El intelectual veinteañero le recita el poema XV a su novia casi día a día (aunque debería dedicarle el Canto II de Altazor, pero no puede, por que no lo conoce y cree que es sólo el nombre de un premio ordinario), la invita a comer carne de soya y a ver algo de cine arte, lo que sea, total es imposible que ella le diga que no entiende un moco los diálogos, a menos que quiera quedar como tonta frente a su novio intelectual veinteañero.

El intelectual veinteañero toca la guitarra en su grupo punk rock luego de hacer teatro callejero en las esquinas de su ciudad. Llega a su casa, entra a su pieza, coloca un DVD de Almodóvar mientras contempla con agrado sus posters de Victor Jara, y escribe algo en su blog que deje pensando al weonaje que lo lea sobre lo conocedor que es. Chatea con un tipo al cual no conoce, que le habla de un tal Bolaño, un tal Dostoievski, un tal Chejov, un tal Borges, pero el intelectual veinteañero ignora dichos nombres, porque jamás salieron de la boca de su profesor de Lenguaje de la media. Ya de noche va a un bar de intelectuales veinteañeros, se sienta y no pide nada, ya que odia el consumismo, saca un cigarro arrugado y un lápiz arrugado y una libreta arrugada, y plasma en ella sus sentimientos: soledad, vacio, dolor, tristeza, impotencia. La felicidad no existe para el intelectual veinteañero, piensa que el mundo no está preparado para él, sufre al ver que pocos tienen sus conocimientos, pero se contenta por lo mismo, ha llegado al más alto nivel de cultura que se le puede exigir a un pobrecito mortal, será un gran escritor, o un gran fotógrafo, o un gran cineasta, se imagina escribiendo una novela colectiva junto a Hernán Rivera Letelier y Lafourcade, se piensa fotografiando hermosos paisajes sureños contrastados con personajes comunes, se visualiza dirigiendo una película sobre la dictadura, y vuelve a sentir esa misma satisfacción, ese mismo placer imaginario, y entonces vuelve a palpitar el corazón del intelectual veinteañero.

2 comentarios:

Suflona dijo...

me dio paja leerlo todo
pero = el comienzo almenos ta weno hay q decirloo

i muy buen perifl oyee

Ni un brillo... dijo...

Cabezón!! Jajaja

¿Qué onda? leí todo!... buennn textoo!! entonces, nos vemos en el taller literario que ingeniosamente nombraste "disfruta el día" para fumarnos unos pitos escuchando a Silvio mientras leemos a la hija de nuestro héroe que quiso abrir las alamedas para los trabajadores y deborarnos unas ricas ambuerguezas vegetarianas!! mmmmmmm!!!

P.D: Ote!! te conseguí las chapitas del ché que tanto me insiste que te buscara!

Jajajaajajajajaa... cuídate wn!